No juzgamos a las personas que amamos

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Jean-Paul Sartre nos interpela con esta frase. Reflexionemos. El amor, ¿nos ciega? ¿Tenemos la misma vara de medir con la persona que amamos con el resto de humanos? Y la persona que nos ama, ¿es realmente objetiva y capaz de definirnos de forma totalmente objetiva?

Es evidente que entre los humanos existe una cierta relatividad mezclada con subjetividad que nos sitúa en una posición no neutral de cara a juzgar a terminadas personas. Recuerdo cuando en mi ciudad en época de economía boyante, se instalaban empresas extranjeras y venían trabajadores y directivos de los países de origen: Suecia, Japón… No había ni atisbo de racismo. Sin embargo, y cuando la inmigración universal se ha establecido en Europa, parece ser que a determinadas personas de determinados orígenes las juzgamos con criterios diferentes.

Las personas no somos entes objetivos. Somos seres diferentes y por eso utilizamos filtros

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